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“Restaurando Vidas Con Amor”, este ha sido el motivo, el llamado y la fuerza detrás del Pastor Fernando Campos quien actualmente pastorea Ministerios Restauración Ebenezer en la ciudad de San Francisco, cubriendo hasta la fecha 22 pastores en diferentes áreas de los Estados Unidos, Guatemala, Belice, México y Asia.

Nacido en Guatemala en el año 1966; el pastor Fernando conoce al Señor Jesús como su Salvador personal después de haberse graduado como Perito Contador, en ese entonces seguía sus estudios universitarios en las áreas de administración y leyes. Por algunos años se congregaría en Iglesia Maranatha Central y es allí en donde conoce a su esposa, Rosi Campos, juntos se congregaron en Elim Central.
Después de algunos años el matrimonio Campos y su hijita Ana Lucia Campos empiezan a asistir a Iglesia Ebenezer en la zona 5 de Guatemala, es allí, bajo el cuidado pastoral del Apóstol Sergio Enríquez, cuando el Pastor Fernando Campos recibe convicción en su corazón de su anhelo de servirle al Señor y de su llamamiento, el cual es profetizado en varias ocasiones por diferentes vasos usados por Dios. 

Ejerciendo aun su trabajo secular y sirviendo como diacono del Departamento de Teatro en Ministerios Ebenezer, el experimenta una visitación angelical de parte de Dios viniendo en una carretera hacia la capital de Guatemala, en la cual Dios confirma y sella el llamamiento que tenía para su vida. Tiempo después, es llamado como Pastor del Colegio Roca de Ayuda de Ministerios Ebenezer.

En el año 2003, el Señor abre una puerta en la ciudad de San Francisco y el Pastor Fernando Campos es enviado por el Apóstol Sergio Enríquez a pastorear una pequeña congregación que había pedido cobertura en ese lugar. Decididos a servirle al Señor la familia Campos sacrifica el estar juntos y el pastor deja a su esposa, su niña y a su bebe recién nacido, Yeshua Campos, para que la obra se levante y viaja solo a San Francisco, CA en donde por un tiempo lucha por establecerse como pastor, esto prueba ser verdaderamente un reto y un proceso de lágrimas, más el peso de la Gloria de Dios es mayor que cualquier obstáculo.